Y al final explotas, por supuesto, un pequeño big bang en tu pecho sacude la aparente calma. Duelen los huesos y pesa el alma. Y organizas un viaje, un polvo, un café con leche calentito, una llamada de madrugada, lo que sea con tal de evitar la tormenta, sólo pides a gritos cafeína, mas sueños, mas maria, y menos miedos.
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