Hoy lo que empezó como un día melancólico, termina con muy
buena sensación positiva. Plan improvisando y dispuesta a cambiar el chip y la
rutina.
De vez en cuanto hay que evadirse de la rutina de otros sábados,
de salir, beber, gastar y gastar más
dinero. Terminar saliendo por el hecho
de salir, por no parecer una estúpida que se queda un sábado en casa. Pero cada
día me va importando menos y voy aprovechando esos momentos de felicidad con la
gente que realmente me quiere y cuando tienen que ser.
Con el tiempo te das cuenta que las personitas que un día
renegaste de ellas, son las que pasan más tiempo a tu lado, y por mucho que se
pongan feas las cosas siempre estarán allí. Si, esas personas que me han
soportado mil bipolaridades, alegrías, tristezas…! Amigos.
Y la familia, cada día la voy apreciando un poquito más. Me
encanta pasar horas y horas hablando con mi hermano, mi madre y hasta mis
propios abuelos. Cuando empiezan a contarte batallitas, es un empezar y no
parar y no olvidar a mi prima Laura que siempre tiene una sonrisa y un mensaje
de apoyo para mí.
Pero lo que más me gusta es coger la bicicleta y desconectar.
Sentir que yo he nacido para esto, para pedalear cada día un poquito más, que
la vida cuesta mucho, pero con el trabajo diario se van disminuyendo las
grandes pendientes.
Hoy la tarde fue de esas, me fui con mi hermano de ruta, y
nos hicimos los fuertes y valientes pero la primera cuesta dolió mogollón, los
gemelos me dolían, flojera en las piernas, un poco de glucosa y lista para la
nueva meta. El trayecto se fue haciendo cada vez más duro hasta que estuve a
punto de rendirme, pero no lo tomamos a gracia y se hizo más ameno. Eso mismo
hay que hacer con los problemas, no tomárnoslo tan a pecho, sonreír y asumirlos
como corresponden, pero nunca haciéndolos un drama y derrotándonos.
Hoy estoy, para seguir.


- Sigueme en Twitter !
- "Join Us on Facebook!
- RSS
Contact